Medios de comunicación, poder y derecho | |
De: José Francisco Escudero Moratalla
Fecha: Noviembre 1999
A lo largo de la historia, mediante la libertad de palabra, ciertas ideas han desafiado o han tendido a socavar las instituciones o los principios imperantes existentes, ya sean políticos, religiosos o económicos. Por ello, hasta épocas muy recientes la mayoría de las sociedades, castigaban la disidencia como un mal intrínseco, ofreciera o no un peligro real e inminente para el ordenamiento político, religioso, jurídico o económico preestablecido. Ya decía Tácito, que "raros son, esos tiempos felices en los que se puede pensar lo que se quiere y decir lo que se piensa". Sin embargo, y como muy bien precisa Concepción Arenal, "... el oponerse a la libre manifestación del pensamiento constituye un atentado, que no deja de serlo porque se parapete detrás de un decreto o de una ley".
Por ello, muchas sociedades y particularmente las democráticas permiten la disensión, en tanto las ideas críticas o no convencionales parezcan encontrar aunque sea sólo un débil apoyo.
Porque la palabra, como portadora de la idea, es una llave con la que se abren y explican nuestros conceptos (Herrán Nuñez). Pero no es sólo eso, además "... las palabras son imágenes de las obras" (Solón), son "... indicios de lo que el pecho esconde" (Juan de Torres), son "... hijas del entendimiento, y testigos que informan de su capacidad" (Quevedo). La palabra es "... vehículo de la inteligencia; y la inteligencia, la señora del mundo material" (Benjamín Constant). Toda palabra, es la imagen, y el signo de una ilusión. Y cuando es palabra de verdad, es la fuerza creadora que eleva al hombre sobre la naturaleza inhumana y bruta; como diría Unamuno, "... el hombre es hombre por la palabra".
Sin embargo, nada puede haber tan "contingente" y "circunstancial" como una palabra en torno a la cual cristalizan sentimientos (Maurois), porque la palabra es mitad de quien habla y mitad de quien la escucha (Montaigne). Y el poderoso tiene la consciencia de que "... un pueblo que tiene libertad para decirlo todo, puede llegar a conseguirlo todo" (Napoleón). Y aún más, la experiencia histórica ha demostrado que como afirmaba Rousseau "... las ideas generales y abstractas son la causa de los más graves errores humanos".
Afortunadamente, en nuestros días, existe la creencia de que una democracia es tanto más sólida cuanto mayor volumen de información pueda soportar; de que parte de la libertad del hombre, consiste en su derecho a escoger y buscar la información que desea. Por ello, no es descabellado afirmar que ante la agresiva oferta medial informativa de los medios de comunicación, el "medio de comunicación", se haya convertido en sí, en el mensaje" (H.M. Mcluan). Se ha llegado a un extremo, en que podemos predicar que nos encontramos inundados de información, pero que vitalmente, estamos sedientos de conocimiento.
En cualquier caso, y sean cuales fueren las reflexiones, la libertad de palabra, de expresión, de pensamiento, y de prensa, han de ser baluartes inexpugnables de nuestro modelo de sociedad occidental.
Así, la libertad de palabra, se refiere de ordinario a la expresión pública, pero por fuerza alcanza también a la expresión privada. Aspecto esencial del problema es la libertad de expresión por radio y televisión. Graficamente Kazimierz Brandys, en su obra "Cartas a la señora Z" ha recordado que "... el televisor es la barraca de feria donde el pueblo viene a ver las maravillas del mundo". Íntimamente vinculada a la libertad de palabra está la libertad de prensa. Una y otra, se consideran en realidad como aspectos diferentes de la libertad de expresión. La libertad de prensa, alude al derecho a criticar en letra impresa la política y acciones del gobierno y sus funcionarios. En un sentido, no es sino un aspecto de la libertad de la palabra. Aunque ambas libertades han seguido de ordinario las oscilaciones que ha sufrido otra libertad, la de pensamiento, una y otra presentan rasgos peculiares. Durante varios siglos después de la invención de la imprenta, en un tiempo en que se requería el permiso real para una amplia gama de actividades humanas, la imprenta era considerada un privilegio al que sólo se podía acceder por concesión del soberano. Hoy en día, todo estado democrático se enfrenta con el problema de decidir hasta que punto debe permitir el Estado, la libertad de prensa en el ámbito nacional a grupos totalitarios que en la última instancia aspiran a la supresión de toda libertad. ¿Cuál es el plazo que debe esperar una sociedad libre para tomar medidas efetivas que anulen a sus propios enemigos?. Pero si una sociedad democrática suprime la libertad de sus enemigos... ¿no adopta una postura totalitaria en contra de sus propios principios?. El punto hasta el que puede llegar una democracia en la represión de los grupos totalitarios viene determinado por la norma del peligro obvio y presente. Según dicha regla, la libertad no es absoluta y sólo puede ser ejercida hasta el límite en que la persona que ejercita su derecho crea un peligro obvio y presente contra el que el Estado debe protegerse.
Por otra parte, los dos grandes problemas de la prensa escrita, siguen siendo las limitaciones a la libertad de información y la crisis que lleva tanto a la desaparición de títulos, como a la concentración de supervivientes en grupos de poder. Ambas situaciones, especialmente la crisis, explican la insistencia de los profesionales de la información en encontrar nuevos caminos desde los que volver a recuperar la atención perdida. Se ha replanteado de nuevo la prensa escrita, no sólo desde la incorporación de nuevas técnicas, a veces más espectaculares que efectivas, sino de la reinterpretación de lo que un medio de comunicación necesita aportar al ciudadano del año 2000. Sobre su función, se ha hablado del periodismo como creación cultural y de su situación en una sociedad industrial y de consumo en la que la revolución tecnotrónica y la informática del lenguaje amenazan la escritura, el lenguaje, y la cultura. Hoy, se puede afirmar que como diría Vittorio de Sica, que "... la televisión es el único somnífero que se toma por los ojos".
Por su parte, el problema de la libertad de información, ha continuado haciendo presión con la misma regularidad con que lo había hecho anteriormente. A título de ejemplo, en un informe del Instituto Internacional de Prensa de Zurich, fechado hace bastantes años (1976), firmando por su director Peter Galliner, se iniciaba con la afirmación de que: "El número de países que tiene una prensa libre, ya poco importante, no deja de disminuir". Y más adelante confirmaba que, para quienes creen que la libertad de prensa es un derecho fundamental del hombre, el año 1076, había "sido deprimente". Asimismo, una Jormada de Estudios y Reflexión sobre la Libertad de información organizada en octubre de 1977 en París, por iniciativa de la Liga de Derechos Humanos, se constató también, que no sólo no se produce ningún avance sustancial, sino que en líneas generales se retrocede, fijando como normas fundamentales: que la información es un bien público que exige el derecho del público al pluralismo informativo; la no apropiación y retención de informaciones; la protección a los periodistas en el ejercicio de sus obligaciones. Y me pregunto yo... ¿están hoy vigentes dichos planteamientos...?.
Y es que el poder de los medios de comunicación, es tan amplio y se proyecta sobre tantos ámbitos existenciales, que como afirma Francisco Javier Sáenz de Oiza, "...si antes existía la calle y tenía un interés asomarse hacia ella para ver lo que pasaba, ahora, la calle son los medios de comunicación".
El poder, el dinero, los grupos de influencia, las ideologías, los Estados, han comprendido que el dominio y control de los medios de comunicación constituye uno de los basamentos de su superioridad y estabilidad. Jocosamente, y con cierto talante histriónico para acabar este pequeño trabajo no podemos dejar de recordar aquel famoso slogan que se enseña en las facultades de ciencias de la información de Ámerica del Norte, que dice así:
"El mundo observa a los Estados Unidos... los Estados Unidos observan a la TV".
José Francisco Escudero Moratalla es Secretario Judicial.
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